Una plataforma que acompaña en los procedimientos de ruptura matrimonial ayudando a proteger el bienestar del menor.
Laia Palà es fundadora y CEO de NIDDO, una plataforma famtech que ayuda a las familias a organizar su día a día, mejorar la comunicación y coordinar la crianza, especialmente en contextos de separación.
Es licenciada en Marketing, Publicidad y Relaciones Públicas, cuenta con un máster en Neuromarketing y un MBA, formación que combina con una sólida trayectoria en proyectos de innovación con impacto social.
A lo largo de su carrera ha estado vinculada al desarrollo de soluciones digitales centradas en las personas, impulsando ahora NIDDO como una propuesta que conecta tecnología, derecho y realidad social. Su objetivo es aportar estructura, trazabilidad y bienestar tanto a familias como a los profesionales que las acompañan, contribuyendo a mejorar la coordinación parental y el bienestar infantil.

Lola Bardají, miembro del Board de The Technolawgist, profesora de derecho civil en ESADE Law School y consejera académica en Tornos Abogados ha hablado con Laia sobre NIDDO:
L.B.: Cuéntanos la historia de este proyecto. Muchas veces detrás de un proyecto tecnológico hay una historia personal, una frustración real, algo que alguien vivió de cerca y le llevó a pensar «esto tiene que poder hacerse mejor». Esa vivencia marca mucho el rumbo de un producto y, sobre todo, su sensibilidad hacia el usuario: ¿cómo y por qué nace?
L.P.: NIDDO nace de la empatía.
De vivir muy de cerca una separación con un hijo pequeño y entender que el verdadero problema no era solo legal, sino todo lo que viene después: la gestión del día a día, la carga emocional y la falta de coordinación entre padres.
Quién recoge al niño, cómo se reparten los gastos, cómo se comunican dos personas que ya no están bien… Sin estructura, todo se vuelve más difícil y acaba generando conflicto.
Cuando empiezas a mirar el contexto, ves que no es algo puntual. En España hay más de 80.000 divorcios al año, muchos con hijos, y a nivel europeo es una realidad completamente estructural: cada año más de un millón de menores pasan por procesos de separación o reorganización familiar.
Esto convierte el derecho de familia en uno de los ámbitos más complejos del derecho.
Porque, a diferencia de otros procesos, aquí las partes no desaparecen. Aunque la relación se rompa, tienen que seguir coordinándose y tomando decisiones conjuntas en torno al bienestar del menor. Y eso, en la práctica, es muy difícil.
Y ahí es donde también aparece el reto para los abogados de familia, mediadores y profesionales: no solo gestionan lo jurídico, sino dinámicas emocionales, falta de estructura y conflictos que muchas veces nacen fuera del propio marco legal.
Ahí es donde detectamos el gap.
No existía un espacio que actuara como un verdadero centro de comunicación y coordinación en divorcios, separaciones y custodia compartida, enfocado en el bienestar del menor y en dar soporte real también a los profesionales.
NIDDO nace como esa capa que falta.
Un entorno estructurado que ayuda a familias a organizarse mejor y a abogados de familia a trabajar con más claridad, trazabilidad y continuidad en sus casos.
Porque cuando hay orden y coherencia en la comunicación, el impacto en los hijos cambia completamente.
Y ese es el punto de partida de todo.
L.B.: Cuando hablamos de progenitores separados estamos hablando de personas que atraviesan una de las etapas más difíciles de su vida. La comunicación se rompe, las emociones se desbordan y, sin embargo, hay que seguir tomando decisiones conjuntas sobre lo más importante que tienen: sus hijos. ¿Cómo se plantea NIDDO ese equilibrio entre ser una herramienta útil y, al mismo tiempo, evitar convertirse en un campo de batalla digital más?
L.P.: Es probablemente uno de los puntos más delicados, porque el riesgo es real. Cuando una relación está deteriorada, cualquier canal de comunicación mal planteado puede convertirse fácilmente en un espacio donde el conflicto crece en lugar de reducirse. En NIDDO tuvimos claro desde el principio que no queríamos crear otra herramienta de mensajería, ni trasladar el problema a un entorno digital. El enfoque es distinto: no se trata de dar más espacio para hablar, sino de estructurar mejor todo lo que ocurre alrededor de esa comunicación.
L.B.: La IA está transformando muchos sectores, pero aplicarla a las relaciones familiares es otro nivel de complejidad. No tiene la misma relevancia recomendar una película que sugerir cómo repartir los fines de semana de un niño. ¿Qué papel juega exactamente la IA dentro de NIDDO? ¿Ayuda a organizar calendarios, a detectar fechas clave, a proponer soluciones? ¿O va más allá y aspira a mediar de algún modo entre los progenitores?
L.P.: En los procesos de separación o custodia compartida, muchas discusiones no vienen de grandes decisiones, sino de lo cotidiano: un cambio de horario, un gasto no previsto, una interpretación distinta de lo acordado. Cuando no hay un sistema claro, todo depende de cómo se dice algo o de cómo se interpreta, y ahí es donde empieza el desgaste.
Por eso NIDDO funciona más como un sistema de coordinación que como un canal abierto. El calendario no es solo un calendario, es una referencia común. Los gastos no son conversaciones, son registros objetivos. La información relevante está organizada y accesible, lo que reduce la necesidad de discutir constantemente sobre lo mismo.
Además, hay un trabajo importante en cómo se canaliza la comunicación. No se trata de limitarla, sino de ayudar a que sea más clara, más neutra y menos reactiva. En este tipo de contextos, pequeños matices en el tono pueden cambiar completamente la dinámica. El objetivo no es que las partes se entiendan mejor a nivel personal, porque eso muchas veces no es viable. El objetivo es que, incluso sin esa relación, exista un sistema que permita tomar decisiones de forma más ordenada y coherente.
Y cuando eso ocurre, cuando reduces la ambigüedad y la fricción del día a día, se nota directamente: baja el conflicto y, sobre todo, se protege algo que es lo realmente importante, que es la estabilidad del menor.
L.B.: Efectivamente, en este tipo de situaciones hay un tercero que no elige estar ahí: el menor. ¿Cómo se asegura NIDDO de que toda la tecnología que utiliza está orientada al interés superior del niño y no solo a la comodidad de los adultos? ¿Se ha pensado en incorporar indicadores que alerten de que una dinámica de comunicación pueda estar afectando negativamente al bienestar de los hijos?
L.P.: Al final todo gira en torno a eso: el interés del menor.
Y hay algo importante que a veces no se pone suficientemente en valor. En España, cerca del 80% de los procesos de custodia se cierran de mutuo acuerdo, lo que ya refleja que existe una voluntad real por parte de los progenitores de priorizar el bienestar de sus hijos. El problema no suele estar en la intención, sino en la ejecución del día a día. Ahí es donde pueden aparecer incoherencias, falta de seguimiento de acuerdos o dinámicas de comunicación que, sin darse cuenta, terminan afectando al entorno del menor.
En NIDDO partimos de una base muy clara: el convenio regulador no es un documento puntual, es la guía sobre la que se construye la nueva normalidad de esa familia. Y nuestro objetivo es precisamente acompañar en esa continuidad. La plataforma se convierte en ese punto de referencia donde se aterrizan los acuerdos: ayuda a cumplirlos, a recordarlos, a actualizarlos cuando es necesario y a darles seguimiento de forma estructurada. Además, trabajamos activamente en cómo se produce la comunicación. A través de inteligencia artificial, por ejemplo, evitamos ciertos usos claramente conflictivos, como lenguaje ofensivo o inapropiado, e introducimos mecanismos que fomentan una comunicación más neutra.
Aun así, somos muy conscientes de que es un ámbito complejo y en evolución. Estamos trabajando en seguir incorporando indicadores que permitan detectar dinámicas que puedan no ser saludables, no desde un enfoque intrusivo, sino como una forma de aportar visibilidad y ayudar a reconducir situaciones antes de que escalen. Porque cuando hay coherencia en cómo se aplican los acuerdos y en cómo se gestiona el día a día, el impacto en el bienestar del menor es directo.
L.B.: Todo lo que pasa por NIDDO es información extraordinariamente sensible: horarios de los niños, domicilios, conversaciones entre progenitores, datos económicos o incluso información sobre la salud de los menores. ¿Cómo se gestiona esa responsabilidad? No hablo solo del cumplimiento técnico del RGPD, sino de la filosofía del proyecto. ¿Se recoge sólo lo estrictamente necesario? ¿Se puede borrar todo si un usuario quiere desaparecer de la plataforma? ¿Quién tiene acceso a esos datos y con qué fines?
L.P.: La gestión de datos en NIDDO la hemos planteado desde el inicio desde los valores, no solo desde la parte técnica. Sabíamos que estábamos trabajando con información muy sensible y queríamos que eso marcara cómo se construye todo el producto, y que siga siendo así a medida que crecemos.
Más allá del cumplimiento del RGPD, nuestra filosofía es clara: recoger solo lo necesario y utilizarlo únicamente para ayudar a las familias en su día a día. Por ejemplo, para recordar actualizaciones de IPC en pensiones, facilitar el seguimiento de gastos, organizar calendarios con vacaciones o fechas relevantes, o aterrizar lo que marca el convenio en la práctica. El control siempre está en el usuario. Cada familia decide qué comparte, con quién, y puede eliminar su información si así lo desea.
Además, NIDDO no sustituye en ningún caso el papel del abogado o del profesional. De hecho, pueden estar conectados a la plataforma y, ante cualquier duda o conflicto, son ellos quienes intervienen. Nosotros no damos asesoramiento legal ni tomamos decisiones, simplemente estructuramos la información para que todo sea más claro. También estamos avanzando en iniciativas vinculadas a espacios de datos a nivel europeo, siempre bajo un enfoque de uso responsable, seguro y orientado al beneficio directo de las familias. Al final, se trata de que los datos estén al servicio de las personas, no al revés.
L.B.: ¿Cómo se sostiene económicamente NIDDO? La pregunta no es solo financiera, es ética. ¿Se ha pensado en modelos que permitan el acceso universal, con el apoyo de administraciones públicas, colegios de abogados o servicios sociales? La pregunta se refiere también al propósito: ¿NIDDO quiere ser el WhatsApp de la coparentalidad o aspira a convertirse en un ecosistema más amplio que conecte a las familias con mediadores, psicólogos, abogados y otros profesionales?
L.P.: El modelo de NIDDO combina una suscripción para familias con soluciones para abogados de familia.
Hoy ya lo utilizan muchos tipos de familias: no solo separadas o divorciadas, también familias tradicionales o ensambladas que necesitan coordinarse mejor en el día a día. Por eso hay una parte muy amplia de la plataforma que es gratuita y permite organizar calendarios, comunicación y aspectos básicos.
A partir de ahí, incorporamos capas más avanzadas, como la trazabilidad de acuerdos, la gestión vinculada al convenio con apoyo de IA, registros de gastos o certificados de pago. Y también una suscripción que permite conectar directamente con el abogado o profesional. Muchas veces hacemos una comparación sencilla: en el trabajo utilizamos herramientas para gestionar proyectos, hacer seguimiento de tareas, coordinar equipos y tener visibilidad de lo que pasa. Sin embargo, en algo tan importante como la gestión familiar después de una separación, todo sigue funcionando de forma fragmentada, entre WhatsApp, emails o documentos sueltos.
NIDDO viene a cubrir ese vacío. Es, en cierto modo, una herramienta de coordinación aplicada a la vida familiar, donde hay múltiples “partes”, decisiones constantes y necesidad de seguimiento. En el caso de los abogados de familia, además, no es solo una herramienta para sus clientes. Les permite tener un espacio propio donde centralizar comunicaciones, hacer seguimiento de los casos, aportar continuidad en el tiempo y también generar nuevas vías de fidelización y monetización.
A futuro, queremos seguir desarrollando esta capa profesional, porque creemos que hay mucho recorrido en cómo la tecnología puede mejorar la forma en la que se gestionan estos procesos.
Más allá del modelo, hay una reflexión de fondo: este tipo de herramienta debería poder llegar a todas las familias que la necesitan. Por eso contemplamos también la colaboración con administraciones públicas y entidades del sector.
Y en cuanto a la visión, no buscamos ser un “WhatsApp de la coparentalidad”, sino una infraestructura que aporte orden, trazabilidad y coherencia a algo que hoy es complejo y está poco estructurado.
L.B.: Al final, lo que NIDDO vende no es tecnología, es confianza, puesto que ayuda a los progenitores a sostener su comunicación siempre facilitando el mayor bienestar de los hijos. Muchas felicidades.
L.P.: Totalmente. Al final, la tecnología es solo el medio. Lo que realmente está en juego es la confianza y la tranquilidad en una etapa que suele ser muy inestable.
Además, es un tema que, de una forma u otra, nos toca a todos. Aunque no te dediques directamente al derecho de familia, como abogada lo ves cerca: en clientes, en entorno personal, en situaciones que acaban impactando mucho más allá de lo jurídico.
Cuando una familia se separa, hay mucha incertidumbre. No solo emocional, también práctica. Y si no hay un sistema claro, esa incertidumbre se traslada al día a día y acaba afectando directamente a los hijos.
Por eso, más que “usar una app”, lo que buscamos es que las familias tengan un marco que les dé estabilidad. Un lugar donde lo acordado se cumple, donde la comunicación es más clara y donde hay coherencia en cómo se organiza todo.
Y eso, poco a poco, es lo que genera confianza.
También vemos que esa confianza no es solo para las familias, sino también para los profesionales. Cuando hay más orden y trazabilidad, pueden trabajar mejor y acompañar de forma más efectiva.
Nos queda mucho por hacer, pero si conseguimos que, incluso en contextos complejos como una separación o un divorcio con hijos, haya más claridad, menos fricción y más foco en el bienestar del menor, estamos en el camino correcto.
